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La utilización frívola de conceptos como "sacrificio", "arrimar el hombro", "solidaridad", "esfuerzo compartido" con los que aliñar el discurso vacío con el que suele insultar inteligencias nuestro presidente del Gobierno

Erradicar la pobreza
OPINIÓN ı EL DIVÁN

El discurso vacío

| Marcos Ruiz Cercas

Como decía Bertrand Russell, “gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas” que es una máxima perfectamente adaptable a la realidad que estamos sufriendo los ciudadanos europeos, presos de la seguridad que en cada una de sus decisiones y actos demuestran los lideres de esta Unión Europea germanizada y sus asesores técnicos de perfil económico. Y resulta que las políticas económicas de austeridad y contracción del gasto que con tanta seguridad están aplicando los Gobiernos de países como España, Grecia, Portugal o Italia, asumiendo las directrices que con mayor seguridad, aún, han definido las cabezas pensantes del Bundesbank, del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, nos están generando muchas dudas, no sólo a economistas como Stiglitz o Krugman sino a los ciudadanos de los citados países que vemos cómo nuestra economía doméstica está cada día más mermada, nuestra cobertura social más debilitada y nuestro futuro más negro. Sin embargo, tenemos que soportar que nuestro Ministro de Economía, Luis de Guindos, nos venda como positiva una realidad del todo frustrante: que la caída de un 0.4% del Producto Interior Bruto (PIB) registrado en la economía española durante el tercer trimestre “no supone un deterioro adicional importante” de la situación porque implica “cierta estabilización” y, por tanto, “es una buena noticia” (Guindos dixit). Este tipo de análisis de la realidad se antojan una tomadura de pelo hacia los interlocutores del ministro, que son todos los ciudadanos, porque es tanto como decirle a un enfermo al que le han amputado un pie para atajar una septicemia que hay motivos para congratularse porque podrían haberle amputado, también, una pierna (o las dos, ya puestos).

Este empeño por retorcer la sintaxis, por asociar antinaturalmente significados con significantes, a la manera de la neolengua orwelliana, para terminar articulando un mensaje que se revela opuesto a la realidad de las cosas, nos lleva a una conclusión lógica e inquietante: nuestros gobernantes ven a la ciudadanía como una gran masa de bobos, incapaces de contrastar la insoportable realidad que les circunda con la amable interpretación que aquellos hacen de la misma. Ejemplos tenemos muchos: “desaceleración” económica por crisis económica, de la que hablaron Solbes y Zapatero; los “brotes verdes” de la ministra Salgado; “línea de crédito” por “rescate”; la utilización frívola de conceptos como “sacrificio”, “arrimar el hombro”, “solidaridad”, “esfuerzo compartido” con los que aliñar el discurso vacío con el que suele insultar  inteligencias nuestro presidente del Gobierno. ¿Tan elocuentes creen que son en sus peroratas, tan persuasivos en sus mensajes, tan convincentes en el manejo de sus argumentos?

Dice Cicerón en “El Orador” –obra de referencia sobre el arte de hablar y persuadir con la palabra– que “quien aspire al lauro de la elocuencia (…) ha de saber de cuántas maneras puede decirse una cosa, y cómo se distingue lo verdadero de lo falso, cuáles son las relaciones de causa y efecto, de consecuencia y contrariedad, y cómo se ha de dividir y explicar cada una de las ambigüedades”. Parece que los portavoces del Gobierno de nuestro país y del partido que lo sustenta aspiran al lauro de la elocuencia, pero sin atesorar ninguna de las habilidades que enumera el filósofo romano porque apenas atisban los efectos que causan sus palabras, ni sus consecuencias, ni las contrariedades que generan ni, desde luego, la voluntad de aclarar las ambigüedades que surgen de cada una de sus explicaciones (más bien, todo lo contrario).

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