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OPINIÓN ı ARTÍCULO DETERMINADO

El ocaso de un modelo

16/06/2014 | Ángel Sanz Montero / Presidente del Congreso Constituyente de la nueva Federación de Servicios para la Movilidad y el Consumo de la UGT de Navarra

La Unión General de Trabajadores, mi sindicato, se encuentra inmerso en un proceso de transformación organizativa caracterizado por el adelgazamiento de su estructura directiva y por la ampliación de su base afiliativa, fusionando Federaciones para hacerlas más fuertes, operativas y eficaces. Pero este cambio es algo más que una mera cuestión organizativa interna. Es parte de una estrategia sindical al servicio de los trabajadores y trabajadoras, activos, inactivos o desempleados y en defensa de sus derechos.

Porque los Derechos laborales y sociales, no sólo se están cuestionando, si no que se están presentando como privilegios, cuando no son simplemente objeto de agresiones. Agresiones, cuestionamientos o descalificaciones que irritan profundamente a los trabajadores y trabajadoras, que sienten una cólera sorda y mucha impotencia ante los desmanes de los representantes de la patronal y del capitalismo financiero, que día sí y día también hurgan sin miedo y sin pudor en las heridas de las clases trabajadoras.

Me atrevería a decir que la situación actual, en las cuestiones que a los trabajadores nos tocan más de cerca, se caracteriza por los siguientes hechos:

1. El arrinconamiento del mundo sindical, con la intención de provocar una pérdida de peso efectivo de las organizaciones sindicales y de la representación legal de los trabajadores.
2. Un marco laboral nuevo, con la reforma de 2012, sumamente reaccionario y favorable al empresariado, que despoja de derechos en las empresas a trabajadores y sindicatos y facilita el despido masivo.
3. El cambio de arquitectura de la negociación colectiva y la disminución de su cobertura.
4. La pulverización del derecho a la indemnización por despido, la ampliación de causas para facilitar el despido barato y el descuelgue de los convenios, y condiciones desfavorables a la influencia sindical en la negociación de expedientes de regulación de empleo sin el control de las autoridades laborales.
5. Una fuerte erosión de salarios mínimos, indirectos y diferidos: congelación, en unos casos; en otros, disminución notable de cuantías, y creación de nuevos impedimentos a la posibilidad de acceso a prestaciones por desempleo y pensiones.
6. Deterioro en materia de educación pública y de otros servicios esenciales, como la sanidad, así como una desprotección por acogerse a bajas laborales médicamente reconocidas.

Y además, tenemos que aguantar vomitonas, como la reciente de la presidenta del Círculo de empresarios, Dª Mónica Oriol, proponiendo bajar el salario mínimo a las personas sin formación, porque “te obligan a pagarles aunque no valgan nada”, o la vuelta de tuerca a la reforma laboral que pretende el FMI, capitaneado por Dª Cristhine Lagarde, o el propio presidente de la CEOE, D. Joan Rosell, todo ello expresión del modelo de empresa en el que creen: plantilla escasa, salarios de saldo y régimen cuartelero. Y si eso no basta, el ministro de la porra y la cruz nos prepara una ley de Seguridad Ciudadana a la medida de los intereses que representa y del modelo de relaciones laborales, el de los Santos Inocentes (“a mandar D. Pedro, que para eso estamos”), esa magistral novela de Delibes maravillosamente llevada al cine por Mario Camus y genialmente interpretada por nuestro paisano Alfredo Landa, que refleja un mundo de opresión, desprecio, humillaciones, incultura y resignación, que es lo que la casta a la que pertenecen aspiran a conseguir más pronto que tarde.

¿Les vamos a dejar? No, ni a ellos ni al Gobierno títere que los representa, que ha convertido el Estado Social y Democrático de derecho en el Estado del no hay derecho. Es el capital financiero, utilizando unas instituciones europeas e internaciones (FMI, BCE, Comisión Europea) a su medida y unos gobiernos que hacen suyos esos principios ideológicos, políticos y económicos, que tratan de enmascarar bajo el término austeridad, quien está aprovechando la crisis para imponer los recortes brutales de todo tipo que estamos padeciendo. A ellas se someten gobiernos de, aparentemente, distinto signo. Una expresión acabada de esta afirmación es la reforma del artículo 135 de la Constitución Española que, con nocturnidad y alevosía, sin debate social ni parlamentario, no sólo garantiza el pago de una deuda, por lo demás impagable e ilegítima, frente a las necesidades crecientes para hacer frente a los problemas de desigualdad y pobreza, sino que deja sin alternativa económica precisamente a quienes se presentan como alternativa y defensores de un modelo distinto.

Pero si las políticas económicas de unos y otros acaban pareciéndose como un huevo a otro huevo tenemos que decir que no son esos los huevos que van a traer la recuperación económica ni la recuperación de los derechos sociales. Será el sindicalismo de clase junto con las organizaciones políticas verdaderamente progresistas y los movimientos sociales quienes demos un empujón revolucionario que derive por la voluntad republicana de recuperación de la soberanía popular a un nuevo pacto social fundador de un nuevo régimen que no permita una nueva marcha atrás.

Las organizaciones sindicales, la UGT particularmente, hemos hecho frente con todos nuestros medios a este estado de cosas, a este “estado del no hay derecho” con el diálogo, con movilizaciones, ampliando la base social contraria a los recortes y liderando en este período tres huelgas generales, que han dejado patente nuestro compromiso con los trabajadores y con los más desfavorecidos de la sociedad.

Seguimos defendiendo la acción unitaria, queremos y debemos ser receptivos a las críticas, especialmente de los trabajadores y trabajadoras y otros colectivos sociales, y estamos abiertos al diálogo, pero no abdicaremos jamás de nuestra responsabilidad, como representantes de los trabajadores, de la defensa de los intereses de nuestra clase.

Estamos ante el ocaso de un modelo y, parafraseando al admirado escritor J. L Sampedro, cada ocaso trae también su ocasión. Para aprovechar la ocasión hay que preparar las condiciones necesarias. Debemos, todos, estar dispuestos a ello.

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