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OPINIÓN | LA PLATAFORMA

Ese necio empeño de Europa en reincidir sobre un modelo fracasado

07/12/2015 | SMC-UGT | Santos Nogales, secretario de Acción Sindical de SMC-UGT

Apenas quedan diez días para las elecciones legislativas que celebraremos en nuestro país y el conjunto de partidos políticos que se presentan y que tienen, a priori, posibilidades de gobernar –ya sea en solitario o en coalición– anuncian a los electores sus políticas en todas las materias que interesan a los ciudadanos, siendo una de ellas especialmente relevante porque afecta a la regulación de las condiciones laborales y sociales de éstos.

Exceptuando al partido gobernante, todos en diferente grado han anunciado modificaciones de una reforma laboral que, según datos objetivos, no ha logrado sus pretensiones, que no eran otras que reducir el desempleo, evitar la dualidad laboral y flexibilizar los mecanismos de regulación convencional. Dicho de otra manera, ha logrado profundizar en la descentralización de la negociación colectiva mediante el debilitamiento de los convenios sectoriales y por tanto dando prevalencia a los convenios de empresa.

Resulta que a juicio de la Unión Europea, esos objetivos perseguidos en materia laboral pudieran haber sido un fracaso, si bien no lo califica como tal. Pero, atendiendo al análisis realizado, bien podemos deducir la realidad de esa valoración: el paro sigue estando en cifras alarmantes, el empleo juvenil sigue encabezando los ratios europeos y las políticas destinadas a corregirlo han sido un fracaso. Además, el mercado laboral sigue ahondando en políticas de dualidad, generando con ello desigualdades que ponen en peligro la estabilidad laboral y con ello la recuperación de las familias.  Concluye la UE criticando la lentitud en la descentralización de la negociación colectiva que la Reforma Laboral había iniciado.

Ante este panorama, que reconoce que las políticas reformistas y desreguladoras del actual Gobierno, inducido por los criterios de la UE, han sido más de lo mismo, reincidiendo en la “descentralización de la negociación colectiva” y la eliminación de “la dualidad laboral en materia de contratación”, cabe preguntarse cuál es la finalidad de los estudios que realiza la propia Unión Europea si continua planteando las mismas políticas cuyo resultado ha sido un fracaso certificado por la propia Unión Europea.

Cuando insisten en conceptos como “descentralización de la negociación colectiva”, están diciendo “reducción de la capacidad de la negociación colectiva”, pasando ésta a ser un elemento más de competitividad entre las empresas y, por tanto, un foco de competencia desleal y de precarización de condiciones. Nadie puede pensar que las empresas, en un escenario de paro desbocado, vayan a querer regular las condiciones laborales sobre criterios de productividad, calidad laboral y mejora de condiciones salariales y sociales. En esto la realidad española avala mis hipótesis.

Por tanto, sería conveniente que no solo los que hoy presentan sus propuestas a los ciudadanos en nuestro país, sino quienes rigen los destinos de la UE, extraigan consecuencias de sus análisis y reconozcan que las políticas de ajuste, recortes y, sobre todo, aquellas que debilitan la negociación colectiva han sido un fracaso y, en consecuencia, es necesario corregir ese camino. Aquí bien puede servir de referencia común el último Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC 2015) que hace una apuesta decidida por la regulación de condiciones desde el ámbito sectorial como elemento esencial de unas relaciones laborales homogéneas y con reglas comunes para la competencia empresarial.

Respecto a la dualidad del mercado laboral en las políticas de contratación, nuevamente la UE hace un análisis acertado pero desgraciadamente continúa ofreciendo una receta que ha sido un nuevo fracaso en las políticas de nuestro país.

Por tanto, es necesario que a la hora de regular la contratación laboral, ésta sea coherente con la actividad realizada, de tal manera que a una actividad permanente le corresponde un contrato análogo y solo en aquellas actividades temporales se articularán contratos acordes con la citada temporalidad. Lo cierto es que esto ya está regulado en nuestro país pero, en la práctica, se ha ultrajado de forma indecente porque la realidad es otra muy distinta: las actividades permanentes están siendo cubiertas con contrataciones temporales y modalidades como el tiempo parcial no deseado; se está generando un troceamiento de actividades permanentes que lo único que logran es situar a millones de trabajadores en posiciones de infra-actividad que no cubre, siquiera, necesidades básicas.

En definitiva, parece necesario que los partidos políticos y, sobre todo, la Unión Europea saquen conclusiones de los fracasos de sus políticas y viren el rumbo hacia donde la razón, los argumentos y el sentido común les están indicando a partir de sus propios análisis.

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