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Con este panorama, ya sólo falta que nos comamos los unos a los otros para mantener la dignidad a cambio de perderla (curiosa paradoja)

"No buscamos un buen hombre que parezca un hijo de puta. Lo que necesitamos es un hijo de puta que parezca un buen hombre"

Erradicar la pobreza
OPINIÓN ı EL DIVÁN

Mantener la dignidad a cambio de perderla

| Marcos Ruiz Cercas

En el drama teatral “El método Grönholm”, escrito por Jordi Galcerán –que tuvo su réplica cinematográfica con “El método”, dirigida por Marcelo Pyñeiro–, se narra un surrealista proceso de selección entre un grupo de candidatos que rivalizan por quedarse con el puesto de trabajo que oferta una gran empresa multinacional. Si en esta historia ya se podían vislumbrar los derroteros por los que podrían derivar las tendencias en la selección de personal –una disciplina que se presta bien a la experimentación por parte de todos esos gurús y presuntos expertos de los recursos humanos y la psicología empresarial–  hace pocos años, nunca llegas a pensar que, una vez más, la realidad supera con creces a la ficción.

Recientemente hemos conocido, a través de los medios de comunicación, el caso de una mujer de 24 años que se lesionó la espalda durante un proceso de selección para el departamento comercial de una empresa de venta de aspiradores. Una de las pruebas que pergeñaron los necios responsables del citado proceso consistió en esgrimir un billete de 50 euros ante los candidatos al puesto para tirarlo al suelo después, al tiempo que les incitaban a atraparlo advirtiéndoles de que aquel que se hiciera con él podría considerarlo como un anticipo de su primer sueldo. Ante la avalancha de los desesperados hombres y mujeres –humillados a actuar como una jauría de perros hambrientos que se precipitaran ante un trozo de carne–, una de las participantes cayó al suelo y fue pisoteada por el resto, quedando inmóvil y dolorida de la espalda. La víctima de tan surrealista situación denunció el hecho y a la empresa por lesiones y vejación injusta. Como decíamos antes, la realidad vuelve a superar a la ficción.

En un país como el nuestro, con seis millones de parados, un Gobierno inútil e incapaz ante la necesaria creación de empleo, un empresariado de chichinabo y una falta de sensibilidad incrustada en el ADN de la sociedad española –junto a la picaresca, la envidia y la cultura del pelotazo, por citar otras– el hecho anteriormente descrito es un ejemplo más –esperpéntico, sí– de las consecuencias de mezclar tan amargos ingredientes y de la sinrazón a la que estamos llegando como comunidad. Sin embargo, sería un error ver este hecho como algo aislado. Lo cierto es que estamos ante la teatralización exagerada de la humillación generalizada del ciudadano medio, capaz de asumir cualquier recorte, precarización, ajuste y maltrato con tal de mantener el puesto de trabajo o acceder a él. Trabajo: son legión los demandantes, muchos los que temen perderlo, decadente el contexto económico y deprimente la expectativa de futuro.  Con este panorama, ya sólo falta que nos comamos los unos a los otros para mantener la dignidad a cambio de perderla (curiosa paradoja). “El hombre es un lobo par el hombre” o,  como dice un personaje de “El método Grönholm”: “No buscamos un buen hombre que parezca un hijo de puta. Lo que necesitamos es un hijo de puta que parezca un buen hombre”. 

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